La Cotidianidad

Como de costumbre, es la “hora de la siesta” en la oficina, no sé si les pasará a todos, pero mi cuerpo me presiona para que mande todo al carajo y me vaya a dormir.

Aún no le dí bola, tal vez un día de estos…

Me hace reflexionar  en que la mayoría de las veces, no escuchamos lo que nuestro cuerpo nos dice,  y lo más importante, por qué nos lo dice.

El curso de bioenergía que estoy haciendo, asegura que tenemos varios cuerpos sutiles alrededor del físico (los que conforman el aura de una persona) según esta teoría, el malestar se inicia en alguno de esos y va descendiendo lentamente hasta llegar a nuestro cuerpo físico. Es decir, cuando dejamos de escuchar todas las otras señales que nos manda, se cansa y nos “golpea” físicamente.

Parecido al tirón que nos dan en la calle, para que escuchemos a alguien que nos viene gritando desde hace cuadras, pero gracias a los auriculares y la música hiper alta, no oímos.

Algo parecido pasa con el cuerpo, como tal lo explica la cadena esa que  anda dando vueltas “el cuerpo grita, lo que la boca calla”.

Por ejemplo, un dolor de garganta, anginas o similar, cuando no decimos lo que nos pasa. Es bueno escucharse internamente de vez en cuando, para ver qué tenemos para decir, salir de la vorágine del día a día para centrarnos en nosotros mismos.

Ayer fui a danza, en contra de lo que el cansancio me decía que hiciera. No tenía ganas más que de acostarme a dormir profundamente por horas, pero por suerte una luz se encendió en mi cabeza y recapacité:

Yo no vine a este mundo para pasarme 9 horas diarias haciendo rico a alguien, vine para disfrutar. El disfrute para mí representa la danza.

Aunque también implica retos, enfrentarme conmigo misma, descubrir que no soy perfecta, que las cosas no las aprendo por ósmosis (como me gustaría).

De vez en cuando hay que pelear con uno mismo, y ser muy pero muy consciente de si lo que uno está escuchando es a su voz interior, o a la voz de la sociedad que habla a través nuestro, que se metió en nuestro sub consciente sin darnos cuenta.

Ayer por ejemplo, no podía estar en pie, me dolían las rodillas, se me cerraban los ojos. Sin embargo cuando salí de clase, estaba feliz.

Feliz de haber vencido al miedo de enfrentarme a la cotidianidad, a no haber renunciado a mis sueños aunque sea por una hora y contribuir a que este paso por la vida sea más alegre, darle más sentido.

Aunque sea por esa media hora que duró la energía, o producción de endorfinas, fui feliz.

Y eso hizo que mi día entero valiera la pena.

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6 pensamientos en “La Cotidianidad

  1. tengo la necesidad de poner tu reflexión a la entrada de mi trabajo, creo que sería algo muy hermoso, aunque para algunos tal vez eso sea como una mentalidad en contra de los pensamientos de los que gobiernan en buena parte de las horas que permanecemos despiertos…

    Yo no vine a este mundo para pasarme 9 horas diarias haciendo rico a alguien, vine para disfrutar.

    en algún momento lo dije, te siento extrañamente tan cerca, como si te conociera desde hace muchos años, pero tal vez es por la fuerza del nombre, tu nombre…

  2. Sería genial tener la libertad de realizar un cartel y colgarlo en la oficina, tal vez hasta ayudaría a recapacitar a los que se creen dueños de nuestra vida a causa de que nos pagan un sueldo (el cual nunca sería lo suficientemente alto, si fuéramos plenamente conscientes de lo que resignamos)
    Lamentablemente, fuera de este espacio de reflexión, no queda otra opción que acompañar al resto de la sociedad, al menos en apariencia, para poder subsistir sin ser un marginado

  3. ya hice la primera parte, he puesto el mensaje al interior de mi área de trabajo, medio mundo sabe que fui yo, tal vez en unas semanas más me atreva y lo ponga en la puerta en la parte exterior, para escandalizar a unos cuantos, pero sobre todo para recordarlo cada vez que llegue a ese lugar y no es que no me guste lo que hago, lo que odio es todo que dejo de hacer…

    • No lo puedo creer! me sacaste una risa jaja,
      Esos pequeños actos de rebeldía contra el sistema son los que nos llenan el alma.
      Es tal cual como decís, no es tanto que me moleste trabajar para otro, si no saber que de tener opción estaría haciendo algo completamente distinto (en realidad todos tenemos opción, pero ay! es tan difícil ser un mártir o héroe y renunciar a todo a ciegas)

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