Equilibrio

Ayer, antes de irme a danza, leí este cuento que forma parte del libro “Los más bellos cuentos Zen” de Brunel Henry,

 Al momento de terminarlo, me hizo reflexionar. Si bien ya había pensado en colgarlo en el blog, hoy cuando lo volví a leer, me di cuenta que también me ayudó a cerrar algo que me pasó ayer.

 Fue una especie de señal de lo que vendría esa noche.

 Explico el por qué y después leen =) 

Actualmente estoy cursando el profesorado de danzas árabes, todos los años se rinde un examen dividido en dos partes, teórico y práctico.

Sinceramente, el año pasado tenía más miedo del teórico que del práctico, porque incluye escuchar música, detectar ritmos, y cosas de las cuales no me siento segura.

 La realidad es que al momento de dar el práctico, que constaba de Bailar básicamente, improvisar y un poco de técnica, nos analizaba una mesa de cuatro profesionales, la directora de mi academia, dos profesoras mías, y un tipo muy pero muy importante de afuera.

 El resultado final fue que la directora y “el examinador” me pusieron un 9 y un 9.5 (En una escala del 1 al 10) respectivamente. Ahora, cuando llegó el momento de dar la devolución general, mis profesoras me indican que aprobé “raspando” con un 7.

A lo cual, herida en mi orgullo y profundamente dolida, volví a mi casa y me quedé llorando cerca de dos horas hasta el punto de casi deshidratarme y tener jaqueca.

Mi madre no podía creer lo que escuchaba –de hecho pensó que la estaba cargando hasta que me vio llorar- No soy una persona de lágrima fácil (más bien lo contrario) así que cuando empezó el ataque, desbordante cual represa rota, realmente fue sorpresivo para todos, yo la primera.

Ese día teníamos la entrega de diplomas de mi prima que terminaba la escuela primaria, claramente no pude ir, -no podía parar de llorar, y la gente iba a notar que era tristeza y no emoción por la ceremonia- así que me quedé sola, después de asegurarle a mi madre que no me cortaría las venas con el cuchillo tramontina de la cocina.

Durante esas dos horas que me llevó controlar el llanto, medité acerca de todas las posibilidades acerca de la devolución que había tenido, cómo era posible que una persona que evaluaba danza hace mas de 20 años y había viajado por todo el mundo me dijera que “tengo talento” (palabras textuales) y me pusiera un 9.5, y la directora de mi academia coincidiera. ¿Y por otro lado, mis dos profesoras, quienes habían visto mi trabajo anual, todo mi esfuerzo, (y quienes tienen 23 – 25 años, así que poca experiencia en examinar gente) me desmoralizaran así?

 Fue duro comprender que tal vez, sí me fallara la técnica en algún punto (Ese es uno de los motivos por los que este año comencé con danza clásica) pero principalmente lo que más dolió fue que hubo mucha parcialidad. De todos los exámenes, el mío fue el único que generó discordia.

 Retomando, este año comencé más tarde a cursar árabe, empecé a perfeccionarme en técnica – con danza clásica- lo cual hace que en algunos momentos sienta menos lo que hago y sea “más dura” (Aunque sé que al final del camino, voy a logra combinar ambas y va a resultar genial), y descuidé mucho la parte teórica.

Ayer la directora de la academia (quien en su momento me llamó y me pidió disculpas por la devolución poco profesional que tuve, y con la que ella no estuvo de acuerdo) preguntó quién daría el examen este año.

 Ahí me di cuenta que todavía no logré cerrar la herida, que aún me cuesta valorar lo que bailo, no logro encontrar la medida para decir, esto lo hago bien, esto no. Una parte de mí, sabe que lo hace bien (gané competencias mundiales) pero de alguna manera, bailar es lo que me hace un ser humano. Es lo que me hace vivir y no meramente existir. Y la crítica tan dura e irreflexiva del año pasado dolió y sigue doliendo. Me siento perdida.

Una parte de mí quiere dar el examen, y otra sabe que con lo descuidada que estuve este año no lo va a lograr. También está el hecho de qué porcentaje de placer me da la devolución formal de una academia, y cuánto el verme bailar como a mí me gusta (algo que aún no logré). Y si vale la pena amargarse y desmoralizarse por algo que en realidad no tiene peso real para mí, si no para la sociedad.

 Este cuento habla del enojo, no del dolor, pero hace reflexionar acerca de a quién dirigimos nuestras frustraciones, si a lo que nos rodea, o a nuestra propia falta de control y ceguera por no poder ver la situación tal como es. 

Espero que les sirva a ustedes en la misma medida que a mí. 

Yo seguiré intentando encontrar el rumbo a través del bosque macabro de mis emociones, conflictos e inseguridades. 

Aún es muy pronto para dar un veredicto sobre qué haré a fin de año, con el paso de los días lo iré contando.

 Buen jueves! =)

 

La Barca y los dos Monjes

 ¿Quién dirá cuál es el sabor del Zen, la sabiduría de estos cuentos simples como la evidencia, libres como la verdad?

 *

Una tarde de otoño, la densa bruma esconde casi por completo el río Saitama. Un monje y un joven novicio se disponen a atravesarlo en una barca ligera. Las aguas están amarillas y muy agitadas, se ha levantado un viento muy violento:

-Maestro, ya sé que nos esperan en el monasterio de Rishiko, pero  ¿no sería prudente dejar para mañana nuestra visita? Podríamos comer una albóndiga de arroz y dormir en la cabaña de ramas que veo allá abajo.

-…

Puesto que su maestro guarda silencio, Kasuku se resigna a embarcar y comienza a remar. De la otra orilla, no se ve más que una línea oscura, perdida en la bruma.

-Maestro, el río es ancho y el viento que sopla de través nos impide avanzar como queremos.

-…

Pasan diez minutos, que a Kasuku le parecen una hora. Rema en silencio, con el corazón inquieto.

De repente, suelta los remos y se levanta, con el brazo alzado:

-¡Maestro, Maestro! ¡Mirad esa barca que sale de la bruma, viene derecho hacia nosotros!

-…

-¡Maestro, que chocará contra nosotros, nos va a romper el casco, vamos a hundirnos! ¡Ey, Piloto! ¡Eh, eh, piloto! Si cojo al que guía esa embarcación de arrearé tal bastonazo que le quitaré las ganas de andar poniendo en peligro a santos varones como nosotros…

-…

-Maestro, mirad que la barca se está acercando ya mucho y que va a embestirnos con esa proa tan afilada. Ahora ya veo al piloto ¡Ese asesino de timonel está durmiendo tranquilo!

-…

-¡Maestro, que la barca está muy cerca! ¡Por Brahma! Maldito sea ese piloto criminal, ojalá el ciclo de sus renacimientos se extienda a un millón de años, ojalá sea chacal, hiena, rata, chinche…

En el instante crítico, un remolino oportuno, o una hábil maniobra del maestro, aleja el peligro y las dos barcas prosiguen indemnes su camino.

-¿Te has fijado en el interior de la barca, Kasuku?- pregunta el maestro Zen.

-Sí, maestro. La forma que yo tomaba por un hombre era un saco de grano.

-Dime Kasuku, ¿Contra quién te has encolerizado?

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2 pensamientos en “Equilibrio

  1. descubrir la ubicación exacta del bosque macabro de tus emociones no es cualquier cosa. Si bien las evaluaciones nos enseñan un poco más de nosotros, sobre todo cuando nos va mal en ellas, también es cierto que quienes nos evalúan atraviesan por estados de ánimos no muy favorables en el momento de avaluar y dejan o dejamos de ser objetivos, a cuantos no nos agrada la sonrisa o el carisma de una persona y le pones todos los puntos en su contra con tal de desquitar nuestras frustraciones, la vida nos da la oportunidad de desquitar nuestros enojos contra medio mundo, no importa si ese medio mundo nos ha hecho o no algo por lo que nos tengamos que desquitar, pero nos dejamos ir contra los que nos rodean por el simple hecho de que esas personas se atreven hacer algo que nunca antes nos atrevimos o porque las juzgamos y lanzamos un veredicto acerca de sus vidas. Finalmente yo creo que bailar y sobre toda la danza es un comunión del cuerpo con el alma y no existe una forma de calificar los diferentes ritmos que nuestros demonios adoptan, si caso alguien cree estar calificando una técnica pero poco sabe de lo que dentro de uno se va gestando, yo no dejaría de bailar y de mantenerme libre porque alguien me diga que apenas y tuve lo justo para aprobar, yo no dejaría de sentirme libre cada que hago lo que más me gusta y entre eso incluyo el vivir…

    • Tus palabras lo definen exactamente cómo es y concuerdan con la conclusión a la que llegué, a pesar del dolor y el desengaño con mis dos profesoras.
      Una de las cosas que me hicieron recapacitar acerca de que la situación era injusta, fue que las correcciones del examen, fueron puntos que a lo largo del año no me marcaron (como profesor, es imposible que exijas que tu alumno cumpla con determinados factores que no intentas modificar a lo largo de la cursada) y lo sé por que me encanta que me corrijan, a pesar de que suene masoquista, pero sé que es la única manera de mejorar y que un profesor te corrija indica que te está prestando atención y valora tu esfuerzo.
      Esto también se sumó a la crisis.
      Igualmente, hoy agradezco haber pasado por eso, me hizo replantearme hasta qué punto amo la danza y cuánto significa para mí en mi vida,
      De todo se aprende y del dolor más aún. Como dije en el post, tengo que aprender a ser menos perfeccionista conmigo misma y aprender a disfrutar de cómo hago las cosas en el momento en que las hago, teniendo fe que a futuro saldrán mejor, pero sin mirar más allá del horizonte

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