Turismo Interurbano

Hoy arranqué el día distinto a lo habitual.

Como no saben mi rutina, les cuento. Desde mi casa a mi trabajo tengo unas dos horas de viaje (Salgo aproximadamente a las  07.30 para entrar 09.30), pero tengo la “suerte” de que una línea de colectivos que me deja cerca de mi oficina, empieza el recorrido a 5 cuadras, así que siempre viajo sentada… y dormida, claramente.

Los miércoles suele ser un día complicado para el tránsito, no sé si por ser mitad de semana todo el mundo saca el auto a congestionar las calles (porque ir al centro en auto, es básicamente eso) o qué, pero vengo notando hace tiempo que ese día en particular, se me hacen las distancias más largas aún,

Así que opto por la otra vía: Subte.

Sí, es más rápido. Pero también más incómodo, caro y superpoblado (bueno esto último lo digo porque viajo sentada, el colectivo también se superpuebla a medida que va haciendo el recorrido)

Tengo la suerte de ser joven y linda (por qué no decirlo) entonces cada vez que subo al colectivo que me acerca a la estación del subte, en general la gente me hace lugar. Especialmente porque en la línea que tomo, hay un 80% de hombres. No son tan caballerosos (o yo tan linda) como para ofrecerme el asiento ni bien subo, pero sí para hacerme lugar y darme el asiento cuando se desocupa uno y estoy cerca.

Así que hoy para evitarme una nueva llegada tarde, decidí viajar de esta manera.  Tiene la ventaja de que duermo media hora más en mi cama, pero sé que si lo hago todos los días, llegaría notablemente más estresada al viernes, por pelearme con la gente para simplemente caminar. ¡No entiendo a la gente que te ve venir caminando apurada y se pone a arreglarse los zapatos adelante tuyo!

La corriente filosófica que sigo (una mezcla de corrientes en realidad) tiene una frase muy buena, que dice algo similar a: “por cada momento que pasas enfadado, es un momento donde pierdes el control de quién eres y lo que sientes”

Y  es verdad, con el tiempo aprendí a relajarme dentro de esa bruma de ansiedad que causa el stress diario de pelear por cosas nimias con la gente que nos rodea.

Cuando te das cuenta que estás perdiendo el control de tu forma de actuar, se abre una realidad completamente distinta ante tus ojos. Aprendí a respirar profundamente, cuando siento que me engulle ese espiral de adrenalina innecesaria.

Con el tiempo, pude hasta reírme (no siempre, tampoco soy una especie de monje tibetano eh). Y lo más importante tal vez, es que ayuda a darle dimensión a las cosas. De esa manera, cuando uno se enoja con alguien por algo grave, se enfada por eso puntualmente, y no canaliza toda esa furia acumulada (y vaya sí se acumula)  del día a día.

Ya lo dijo Einstein con otras palabras: “Por cada minuto que pasas enfadado, pierdes 60 segundos de felicidad”.

Hacía bastante que no escribía tanto, me doy cuenta que lo extrañé.

Espero que hasta ahora su semana haya ido bien (o al menos que lo malo haya sido bueno para aprender)

Nos estamos leyendo

Besos!

 

images (4)