Living La Vida

Hay que vivir la vida… el tema es cómo

Eso mismo le dije a mi mejor amiga, después que me confesara que su psicóloga le hizo darse cuenta que no está enamorada del novio (del cual está distanciada)

Yo misma vengo en crisis desde el jueves pasado cuando me levanté pensando ¿Esto es todo?

El jueves tuve mi sesión quincenal de terapia, por lo cual, pude hablarlo “en fresco” con mi psico también.

Entiendo que no es normal sentirse así a los 24. O tal vez es lo más normal del mundo, no sé sinceramente.

Pero hay días en que me levanto sintiendo que vivo la vida de una persona veinte años mayor, voy de mi casa al trabajo y del trabajo a casa, lo único que me diferencia es que 4 días por semana hago danza y los fines de semana salgo. Pero luego, mi vida gira en torno a esta rutina aplastante.

No me engaño, sé que necesito de la rutina para subsistir. Soy una taurina con todas las letras y la estabilidad es una parte intrínseca de mi personalidad, sin la cual no puedo vivir mucho tiempo. No en paz al menos.

El problema es que tengo miedo de llegar a los 35 y darme cuenta de las cosas que No hice por miedo, justamente. Mi psico me dijo que tiene miedo que llegue a los 35 y las termine haciendo, cueste lo que cueste. Es decir, hoy por hoy no tengo nada que me “ate”

No novio, no hijos, no nada.

Sólo un trabajo, mi familia y mis gatos.

Bueno, está mi carrera artística, pero sinceramente un año o 6 meses no la va a arruinar.

A todo esto, nunca dije cuál es mi gran frustración. O la más preponderante.

Desde que tengo 18 o 19 años que tengo ganas de viajar. Pero no viajar de vacaciones 15 días por algún lado; si no dejar todo por un par de meses e irme a recorrer (Europa principalmente) trabajando de lo que se pueda, con tal de conocer distintos lugares. Básicamente porque aunque me gustaría, no me alcanza el presupuesto para pagarme la vida de turista durante 2 meses, a duras penas llego a uno.

En general, los blogs que suelo leer son de gente que está bien posicionada económicamente, no me gusta generalizar, pero así es. Así que tal vez, no se termine de entender esto del todo.

Igualmente, creo que si tuviera la suficiencia económica para irme tranquila sin pensar en que estoy dejando un trabajo estable y toda la bola, me iría con mi mochila por ahí, a trabajar por meses fuera de mi país, sólo para saber cómo es el día a día en un pueblo de Suiza, por ejemplo.

También entiendo que no puedo estar preocupándome a los 24 años por no conseguir trabajo después, teniendo un título universitario, idiomas y 6 años de experiencia laboral…. Pero el miedo está ahí, arañando la superficie.

No sé en qué  momento el miedo de no poder subsistir se adueñó de mi accionar. Cuando era más chica, no tenía problema en cambiar de trabajo (de hecho lo hice tres  veces en menos de un año y medio).

Será la crisis mundial y el gran cuco del fin del mundo y el hambre extremo. No sé.

No puedo dejar de repetir en mi mente las palabras de Alan Watts

Cuando al final llegamos a algo que el individuo dice que es lo que es lo que quiere realmente hacer

Yo le digo: – ¡Hazlo! Y… eh… olvida el dinero. Porque si dices que ganar el dineros es lo más importante pasarás la vida malgastando tu tiempo.

 

Estarás haciendo cosas que no te gustan para seguir con una vida que consiste en hacer cosas que no te gustan. ¡Es una estupidez! Es mejor tener una vida corta llena de cosas que te gusta hacer, que una vida larga vivida de una manera miserable.”

 

En este link encuentran el video y la transcripción de lo que dice (si como yo, tienen bloqueado youtube y solo lo pueden ver por el cel… lo que es incómodo)

http://mundocaco.com/que-harias-de-tu-vida-si-el-dinero-no-importara/

Les dejo besos

pc3a1jaros

 

Toreando por la vida

 A las mujeres Tauro les disgustan todas las formas de debilidad.

De Goodman Linda – Los Signos Del Zodiaco Y su Carácter

Si a alguien le interesa la astrología (y si no lo hace, también) les super recomiendo ese libro.

Aunque no quieran ser astrólogos, o le tengan desconfianza a esa ciencia (sí, es una ciencia, en Inglaterra hay universidades de astrología), este libro les cambiará todo los conceptos preconcebidos acerca de esta práctica, y además ayudará a que se comprendan más a sí mismos (muchas veces es mejor que una sesión de terapia) y también al otro.

El lunes comencé con un libro, una novela romántica adolescente (lo sé, muchos dirán que no califica como libro, pero avisé que me gustaba literatura  de todo tipo) de Flor Bonelli, escritora de mis tierras. El nombre de la novela es “Nacida bajo el signo del Toro

Yo soy taurina. MUY taurina, tengo todas las características buenas y malas del signo. Para los que no saben, somos muy testarudos, mi madre solía decirme cuando era chica “me rompo, pero no me doblo”. Bueno, algunas veces aún lo hace.

Fue una semana ajetreada, todo el trabajo acumulado del fin de semana largo no me dio mucho tiempo para sentarme a escribir, pero sí tuve reflexiones muy profundas, en parte gracias al libro.

Una de mis mejores amigas es taurina como yo (cumple un día antes de hecho) y hasta hace poco diferíamos en muchas cosas. Ella era muy cerrada, al punto que no se le podía plantear otro punto de vista, porque directamente terminaba la conversación.

Yo, que tengo ascendente en libra, lo que me hace ser más “pacifista” solía dejar el tema sin discutir. De todas maneras, al taurino no le gusta discutir. No le gusta nada que rompa la armonía diaria.

Hoy por hoy, comenzó terapia y está siendo más abierta (aún con la obstinación del toro corriendo por sus venas), de hecho gracias a esto está en crisis con su pareja, pero ese es oootro tema.

Ella fue justamente la que me prestó el libro (y a quien debo agradecer que hace dos días que duermo menos de 5  horas por quedarme leyendo)

No sé si para todo el mundo, pero para mí, este libro remueve cosas muy profundas. Habla de una adolescente (taurina) de 16 años, que se enamora de un escorpiano.

Según la astrología, la mejor pareja del zodíaco es tauro – escorpio. Pero en fin, esta chica sufre, en parte porque hace las cosas mal, a causa de un desmedido orgullo.

Me sorprendí emocionándome por distintas situaciones, y sintiendo exactamente lo mismo que la protagonista. A mi amiga le pasó lo mismo, por lo cual le doy mis aplausos a Flor por hacerme revivir la adolescencia de manera tan absoluta.

Es por eso que amo leer, como dice Camila (protagonista del libro) “Como yo cuando leo. Cuando leo, me sumerjo en la historia y me evado.” Y más sentir esa ansiedad por saber qué pasa a continuación, típico de los libros de suspenso (este es de amor, pero para una romántica no reconocida como yo, es lo mismo)

Hoy tengo un cumpleaños,  y cuando vuelva, debería estudiar (aunque sé que voy a tirarme a leer hasta que todo esté “en paz” con el libro)

Les dejo esta definición de Linda Goodman, que me hace todos los honores

Como reconocer a Tauro

Un trotamundos amigo mío, que ha estado en todas partes por lo menos dos veces, me contó que jamás olvidará su primer viaje en barco al sur de España. Un día, mientras estaba en cubierta admirando el paisaje, se perfiló a la distancia una enorme masa de roca que se elevaba sólida y gradualmente del brillante azul del Mediterráneo, <<¡Mirad, el peñón de Gibraltar!>>, gritó alguien en el barco. Debidamente impresionado, mi amigo tomó una instantánea para mostrar a los amigos y después, volviéndose a un adolescente aburrido que ocupaba la silla de cubierta inmediata a la suya, dio cauce a su vena poética. <<¿No es una maravilla? -comentó-. Toneladas de agua lo están bañando desde hace siglos, las tormentas lo han azotado, lo han atacado los ejércitos, las civilizaciones han surgido y se han eclipsado, pero el peñón sigue allí. Nada lo cambia ni es capaz de hacerlo mover>>. <<Si-bostezó el chico-. Me recuerda a mi padre>>. (…)

Como Gibraltar, es sólido y firme y nada altera su tranquilidad. Se le puede arrojar agua encima o encenderle fuego entre los pies. Se le puede golpear el pecho con los puños cerrados, clavarle el fuego de miradas hipnóticas o gritarle a voz en grito: Tauro no se moverá un centímetro. Una vez tomada su posición, se cruza tranquilamente de brazos y se sienta sobre los talones. Exhibe un mentón bastante prominente, dilata las narices, echa atrás las orejas… y tú te aguantas.

Es raro que el Toro se lance a atropellar a alguien. Lo que quiere es simplemente que le dejen solo. No le molestes y se sentirá satisfecho. Presiónale y se mostrará obstinado. Empújale demasiado, fastídiale en exceso, y prepárate entonces para una furia violenta. Es capaz de aguantar durante meses y años, exhibiendo un dominio y un control perfectos, aspirando la fragancia de las flores y haciendo caso omiso del nervioso bullicio que le rodea. Hasta que algún día inesperado un imprudente le ponga una pajita de mas sobre los anchos lomos. Entonces bufará, empezará a arañar la tierra, entornará los ojos… y se lanzará a la carga.

Buen fin de semana!

tauro

Equilibrio

Ayer, antes de irme a danza, leí este cuento que forma parte del libro “Los más bellos cuentos Zen” de Brunel Henry,

 Al momento de terminarlo, me hizo reflexionar. Si bien ya había pensado en colgarlo en el blog, hoy cuando lo volví a leer, me di cuenta que también me ayudó a cerrar algo que me pasó ayer.

 Fue una especie de señal de lo que vendría esa noche.

 Explico el por qué y después leen =) 

Actualmente estoy cursando el profesorado de danzas árabes, todos los años se rinde un examen dividido en dos partes, teórico y práctico.

Sinceramente, el año pasado tenía más miedo del teórico que del práctico, porque incluye escuchar música, detectar ritmos, y cosas de las cuales no me siento segura.

 La realidad es que al momento de dar el práctico, que constaba de Bailar básicamente, improvisar y un poco de técnica, nos analizaba una mesa de cuatro profesionales, la directora de mi academia, dos profesoras mías, y un tipo muy pero muy importante de afuera.

 El resultado final fue que la directora y “el examinador” me pusieron un 9 y un 9.5 (En una escala del 1 al 10) respectivamente. Ahora, cuando llegó el momento de dar la devolución general, mis profesoras me indican que aprobé “raspando” con un 7.

A lo cual, herida en mi orgullo y profundamente dolida, volví a mi casa y me quedé llorando cerca de dos horas hasta el punto de casi deshidratarme y tener jaqueca.

Mi madre no podía creer lo que escuchaba –de hecho pensó que la estaba cargando hasta que me vio llorar- No soy una persona de lágrima fácil (más bien lo contrario) así que cuando empezó el ataque, desbordante cual represa rota, realmente fue sorpresivo para todos, yo la primera.

Ese día teníamos la entrega de diplomas de mi prima que terminaba la escuela primaria, claramente no pude ir, -no podía parar de llorar, y la gente iba a notar que era tristeza y no emoción por la ceremonia- así que me quedé sola, después de asegurarle a mi madre que no me cortaría las venas con el cuchillo tramontina de la cocina.

Durante esas dos horas que me llevó controlar el llanto, medité acerca de todas las posibilidades acerca de la devolución que había tenido, cómo era posible que una persona que evaluaba danza hace mas de 20 años y había viajado por todo el mundo me dijera que “tengo talento” (palabras textuales) y me pusiera un 9.5, y la directora de mi academia coincidiera. ¿Y por otro lado, mis dos profesoras, quienes habían visto mi trabajo anual, todo mi esfuerzo, (y quienes tienen 23 – 25 años, así que poca experiencia en examinar gente) me desmoralizaran así?

 Fue duro comprender que tal vez, sí me fallara la técnica en algún punto (Ese es uno de los motivos por los que este año comencé con danza clásica) pero principalmente lo que más dolió fue que hubo mucha parcialidad. De todos los exámenes, el mío fue el único que generó discordia.

 Retomando, este año comencé más tarde a cursar árabe, empecé a perfeccionarme en técnica – con danza clásica- lo cual hace que en algunos momentos sienta menos lo que hago y sea “más dura” (Aunque sé que al final del camino, voy a logra combinar ambas y va a resultar genial), y descuidé mucho la parte teórica.

Ayer la directora de la academia (quien en su momento me llamó y me pidió disculpas por la devolución poco profesional que tuve, y con la que ella no estuvo de acuerdo) preguntó quién daría el examen este año.

 Ahí me di cuenta que todavía no logré cerrar la herida, que aún me cuesta valorar lo que bailo, no logro encontrar la medida para decir, esto lo hago bien, esto no. Una parte de mí, sabe que lo hace bien (gané competencias mundiales) pero de alguna manera, bailar es lo que me hace un ser humano. Es lo que me hace vivir y no meramente existir. Y la crítica tan dura e irreflexiva del año pasado dolió y sigue doliendo. Me siento perdida.

Una parte de mí quiere dar el examen, y otra sabe que con lo descuidada que estuve este año no lo va a lograr. También está el hecho de qué porcentaje de placer me da la devolución formal de una academia, y cuánto el verme bailar como a mí me gusta (algo que aún no logré). Y si vale la pena amargarse y desmoralizarse por algo que en realidad no tiene peso real para mí, si no para la sociedad.

 Este cuento habla del enojo, no del dolor, pero hace reflexionar acerca de a quién dirigimos nuestras frustraciones, si a lo que nos rodea, o a nuestra propia falta de control y ceguera por no poder ver la situación tal como es. 

Espero que les sirva a ustedes en la misma medida que a mí. 

Yo seguiré intentando encontrar el rumbo a través del bosque macabro de mis emociones, conflictos e inseguridades. 

Aún es muy pronto para dar un veredicto sobre qué haré a fin de año, con el paso de los días lo iré contando.

 Buen jueves! =)

 

La Barca y los dos Monjes

 ¿Quién dirá cuál es el sabor del Zen, la sabiduría de estos cuentos simples como la evidencia, libres como la verdad?

 *

Una tarde de otoño, la densa bruma esconde casi por completo el río Saitama. Un monje y un joven novicio se disponen a atravesarlo en una barca ligera. Las aguas están amarillas y muy agitadas, se ha levantado un viento muy violento:

-Maestro, ya sé que nos esperan en el monasterio de Rishiko, pero  ¿no sería prudente dejar para mañana nuestra visita? Podríamos comer una albóndiga de arroz y dormir en la cabaña de ramas que veo allá abajo.

-…

Puesto que su maestro guarda silencio, Kasuku se resigna a embarcar y comienza a remar. De la otra orilla, no se ve más que una línea oscura, perdida en la bruma.

-Maestro, el río es ancho y el viento que sopla de través nos impide avanzar como queremos.

-…

Pasan diez minutos, que a Kasuku le parecen una hora. Rema en silencio, con el corazón inquieto.

De repente, suelta los remos y se levanta, con el brazo alzado:

-¡Maestro, Maestro! ¡Mirad esa barca que sale de la bruma, viene derecho hacia nosotros!

-…

-¡Maestro, que chocará contra nosotros, nos va a romper el casco, vamos a hundirnos! ¡Ey, Piloto! ¡Eh, eh, piloto! Si cojo al que guía esa embarcación de arrearé tal bastonazo que le quitaré las ganas de andar poniendo en peligro a santos varones como nosotros…

-…

-Maestro, mirad que la barca se está acercando ya mucho y que va a embestirnos con esa proa tan afilada. Ahora ya veo al piloto ¡Ese asesino de timonel está durmiendo tranquilo!

-…

-¡Maestro, que la barca está muy cerca! ¡Por Brahma! Maldito sea ese piloto criminal, ojalá el ciclo de sus renacimientos se extienda a un millón de años, ojalá sea chacal, hiena, rata, chinche…

En el instante crítico, un remolino oportuno, o una hábil maniobra del maestro, aleja el peligro y las dos barcas prosiguen indemnes su camino.

-¿Te has fijado en el interior de la barca, Kasuku?- pregunta el maestro Zen.

-Sí, maestro. La forma que yo tomaba por un hombre era un saco de grano.

-Dime Kasuku, ¿Contra quién te has encolerizado?

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